Hubo un tiempo en que mirar no era una acción inocente ni pasiva. Hubo un tiempo en que la luz no solo entraba en los ojos, sino que salía de ellos.
Imaginemos que podemos viajar atrás en el calendario con nuestro Delorean, hasta las costas pedregosas de la Jonia del siglo VIII a. C. Imaginemos que podemos habitar la mente de un contemporáneo de Homero.



